La despoblación rural no afecta a la sostenibilidad medioambiental de los territorios, ¿mito o realidad?
Uno de los grandes retos a los que se enfrentan los territorios rurales en nuestro país es la despoblación rural. Según datos de la Comisión Europea, el 60 % del territorio español concentra únicamente el 15 % de la población, mientras que 4.000 de los 8.000 municipios españoles tienen una densidad inferior a 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado, el umbral utilizado por la Unión Europea para identificar territorios en riesgo de despoblación.
Más allá de sus consecuencias sociales y económicas, ¿cómo afecta la despoblación rural a la sostenibilidad medioambiental de estos territorios?
Lucía Díez, investigadora en la Universidad de Barcelona (UB) y miembro de la comunidad SABE, centra su investigación en el impacto de las transformaciones agroecológicas en el territorio y en las personas que lo habitan. Desde esta perspectiva, nos explica por qué la relación entre las comunidades humanas y los ecosistemas rurales es clave para entender cómo afecta la despoblación a la sostenibilidad medioambiental.
Y es que, aunque podamos entender la naturaleza como algo separado de las personas, los humanos formamos parte de los ecosistemas y la mayor parte de los territorios y paisajes son producto de nuestra relación con la naturaleza. La despoblación rural supone una alteración de este vínculo y puede romper el equilibrio que ha contribuido a mantener estos entornos.
Como nos explica la investigadora, la sostenibilidad de los territorios rurales depende de nuestra capacidad para combinar distintos grados de intervención en el entorno. Esto implica integrar espacios más naturales o salvajes con otros más humanizados, en función de las características y necesidades de cada territorio.
Por eso, es clave impulsar medidas de arraigo que no solo contribuyan a frenar la despoblación, sino que permitan mantener una población vinculada al territorio, que lo habite y participe en su gestión. De esta manera, se pueden potenciar actividades como el manejo forestal, la agricultura o la ganadería extensivas, diversificadas y adaptadas a las condiciones locales, que contribuyan a la conservación y la sostenibilidad medioambiental de estos territorios.