Startups de tecnología agroalimentaria: oportunidades y límites para contribuir a la transformación de los sistemas alimentarios
En los últimos años, las startups de tecnología agroalimentaria han ganado protagonismo en los debates sobre la transformación de los sistemas alimentarios, al ser consideradas actores con potencial para desarrollar soluciones innovadoras frente a distintos desafíos ambientales, sociales y productivos.
Sin embargo, su potencial transformador no depende únicamente de las soluciones que desarrollan. También está condicionado por el ecosistema en el que operan, incluyendo las formas de financiación y apoyo que reciben, las oportunidades de validación y las posibilidades de acceder a mercados, entre otros factores. Esto plantea interrogantes sobre las condiciones que favorecen o limitan su contribución a transformaciones más profundas de los sistemas alimentarios.
En este contexto, el artículo The roles of agri-food tech start-up ecosystems in strategic niche management for food system transitions, en el que participa Daniel Gaitán Cremaschi, investigador de la Universidad de Talca y el Centro de Investigación para la Transformación Agroalimentaria (CITAGRO), y miembro de la Comunidad SABE, toma como ejemplo el caso de Chile para analizar cómo las condiciones del entorno de las startups de tecnología agroalimentaria inciden en su desarrollo y en su potencial para contribuir a transformaciones más amplias de los sistemas alimentarios.
Para ello, los investigadores realizaron 59 entrevistas con fundadores de startups y otros actores del ecosistema, entre ellos inversores, personal de aceleradoras, representantes de organismos públicos y líderes de asociaciones sectoriales. El análisis se complementó con información secundaria.
Una orientación común hacia la sostenibilidad, con retos de coordinación
A partir de estas entrevistas, los investigadores observan que, aunque con distintos énfasis y formas de entender la sostenibilidad, la mayoría de las startups entrevistadas expresa una orientación general hacia ella. El estudio también identifica avances en la articulación del sector. En los últimos años han surgido iniciativas que buscan dar visibilidad a las startups, conectarlas con otros actores del ecosistema e impulsar su desarrollo mediante financiación, programas de apoyo y actividades de articulación.
A pesar de estos avances, los investigadores identifican también varios desafíos. Aunque existen espacios de encuentro y coordinación, la colaboración entre startups suele ser limitada y no siempre genera procesos de aprendizaje compartido. Del mismo modo, parte del apoyo que reciben continúa siendo poco especializado y no siempre responde a las necesidades específicas de este tipo de empresas.
Sin embargo, para entender el potencial transformador de estas startups, no basta con analizarlas de forma aislada. También es necesario examinar el ecosistema en el que operan. Al ampliar el foco, los investigadores observan que los actores e instrumentos que financian, apoyan, validan y conectan a las startups también influyen en qué tipos de innovación encuentran mejores condiciones para desarrollarse. En otras palabras, el ecosistema no solo facilita el desarrollo de las startups, sino que también puede hacer que determinadas soluciones avancen con mayor facilidad que otras.
Los investigadores introducen el concepto de “filtrado direccional” para describir cómo la interacción entre distintos criterios, incentivos y restricciones de financiación, apoyo, validación y acceso a mercados puede favorecer determinados tipos de innovación frente a otros, y orientar así el desarrollo de las startups y sus soluciones. Este filtrado no responde necesariamente a la decisión de un único actor, sino al efecto combinado de distintos mecanismos presentes en el ecosistema.
Cómo el ecosistema orienta las trayectorias de innovación
Según muestran los resultados del estudio de Gaitán y Klerkx, la lógica del capital de riesgo tradicional suele favorecer proyectos con perspectivas de crecimiento rápido, validación comercial y retornos en plazos relativamente cortos. Asimismo, el acceso a pilotos, empresas y redes comerciales puede favorecer soluciones que optimizan procesos existentes frente a otras que requieren cambios más profundos en las prácticas productivas o las relaciones entre actores.
En el ámbito público, aunque existen programas que incorporan criterios de sostenibilidad y enfoque territorial, sus criterios de evaluación suelen combinar estos objetivos con indicadores como la validación comercial, las ventas o el potencial de crecimiento. Los cambios de gobierno y de prioridades institucionales también pueden generar discontinuidades. A ello se suma la persistencia de brechas territoriales, con buena parte de las redes, la inversión y las oportunidades estratégicas concentradas en torno a Santiago.
En este contexto, muchas startups desarrollan trayectorias híbridas: combinan ambiciones de cambio (ambientales, productivas, territoriales) con la necesidad de ajustarse a criterios dominantes de financiación, validación comercial, acceso a empresas y escalamiento. Buscan contribuir a cambios más profundos en los sistemas alimentarios, pero avanzan con mayor facilidad cuando sus soluciones también encajan con criterios de adopción, crecimiento, retorno e impacto demostrable en plazos relativamente cortos. Esto puede generar mayores barreras para aquellas innovaciones con horizontes de largo plazo o cuyos impactos son más difíciles de demostrar directamente.
En conjunto, los resultados reflejan cómo el ecosistema puede actuar simultáneamente como fuente de apoyo y como factor que influye en las trayectorias de innovación.
Fortalecer el potencial transformador del ecosistema
Así pues, las startups de tecnología agroalimentaria ya generan soluciones, aprendizajes y capacidades relevantes para abordar distintos desafíos de los sistemas alimentarios. Su contribución a transformaciones más profundas, sin embargo, depende también de las condiciones del ecosistema en el que operan.
A partir de este diagnóstico, los investigadores proponen cuatro líneas de acción: fortalecer el aprendizaje colectivo y generar procesos de validación más compartidos entre los actores del ecosistema; desarrollar mecanismos financieros más adaptados a los tiempos y las características de las innovaciones agroalimentarias; coordinar los instrumentos de apoyo en torno a prioridades compartidas sobre las transformaciones que se buscan impulsar; y reducir las brechas territoriales dentro del ecosistema de innovación. Esto no implica definir una única forma de sostenibilidad, sino establecer prioridades compartidas suficientemente amplias para reconocer distintos tipos de soluciones, cadenas productivas y contextos territoriales.
Estas propuestas apuntan a una misma idea: ampliar la contribución de las startups de tecnología agroalimentaria a transformaciones más profundas no depende únicamente de aumentar los apoyos disponibles, sino también de mejorar cómo se articulan y orientan, reconociendo distintas formas de impacto y diferentes trayectorias hacia la sostenibilidad.